A medida que se aproxima la elección del nuevo director general de la OMS (Organización Mundial de la Salud), millones de personas esperan un liderazgo comprometido con los desafíos de la salud global, capaz de asumir una rol destacado, en el establecimiento de una agenda más radical y progresista en defensa de la salud pública. Sin embargo, la elección del director general requiere un proceso más transparente y apropiado de propuestas, de programas y no solamente de cabildeos en ambientes opacos, frecuentemente de compromisos no precisamente con la salud.