La fuerza transformadora de la vida
PHM-Latinoamerica
02 May 2007
Invitamos a luchar por un sistema de salud de acceso universal, de fundamento solidario y conducción democrática; un sistema apartado de las apetencias mercantiles; un sistema sustentado en un presupuesto del estado que se mantenga sobre un mínimo per cápita, calculado sobre bases técnicas; un sistema que se ajuste a las necesidades etno-nacionales, de género y etarias; un sistema de salud que no limite la participación popular a obtener consensos para que acepte nuevas obligaciones económicas.
Las Voces de la Tierra se encontraron en Cuenca
Jaime Breilh, Md. PhD.*
Hace un poco más de año y medio, Cuenca fue el epicentro del Movimiento Mundial para la Salud de los Pueblos. Había transcurrido entonces el primer lustro del nuevo milenio y recién empezaba a difundirse el fracaso del modelo neoliberal, cuando llegaron a nuestro país torrentes de trabajadores, dirigentes sociales, sabios comunitarios, académicos, estudiantes, y en fin, mujeres y hombres participantes de todas las edades y procedencias nacionales del mundo, para sumarse a la II Asamblea Mundial por la Salud de los Pueblos.
Eran las voces de todo el planeta, “Las Voces de la Tierra”, como las denominaron Arturo Quizhpe y María Hamlin Zúniga, que resonaban en un solo canto de rebeldía. Voces que se expresaban en multiplicidad de lenguas y en una diversidad de discursos políticos, para decirle al mundo que, a pesar de tantos siglos de injusticia y sometimiento, la fuerza transformadora de la vida seguía incólume, así como la lucha contra quienes desean convertir a la salud en un negocio, tan inescrupuloso e inmoral como el sistema que lo aplica.
Una Asamblea de luchadores y luchadoras
Fue una verdadera proeza el haber atraído a Cuenca a luchadores y luchadoras de todo el mundo para una cita de trascendencia universal. Y entiéndaseme bien, no me estoy refiriendo simplemente al éxito de reunir a gente de 82 países en una ciudad del interior de América Latina, pues eso pueden lograrlo aun los dólares transnacionales o los círculos de poder para reproducir sus estrategias comerciales o geopolíticas, me refiero más bien, a la hazaña de convocar y movilizar a gente sencilla, a ciudadanos comunes, incluso muchos de modestos recursos desde los más apartados rincones, quienes se hicieron presentes con profunda espiritualidad, en un acto de reafirmación humanista y solidaria, sorteando todo tipo de obstáculos y limitaciones, con una actitud de apertura y curiosidad hacia los éxitos y dificultades experimentados por “las Otras” y “los Otros”, en su lucha por los derechos conculcados y la justicia social y sanitaria.
Sólo la férrea voluntad de compañeros como Arturo y María, y de muchos más desde todos los continentes, logró la realización en Ecuador de esa II Asamblea Mundial, y fue la tenacidad de un grupo de cuencanos y la resonancia de su pensamiento crítico, incubado en las jornadas de la Facultad de Ciencias Médicas tras años de compromiso frontal con un proyecto alternativo para la salud, la que había logrado justificar que una de los eventos de mayor trascendencia en la lucha de los pueblos, se realizara en Ecuador y atrajera desde todos los confines del mundo, a una pléyade de participantes llenos de ideas nuevas, de planes y sueños, para ese otro Mundo que se requiere construir para que florezca la salud.
Un libro de testimonios, fresco, diverso y elegante
El libro de Arturo Quizhpe y María Hamlin Zúniga, Las Voces de la Tierra: de Savar a Cuenca, cuyo lanzamiento forma parte del “Encuentro de los Pueblos por la Vida”, recoge testimonios humanos, cálidos y vibrantes de ese multicolor cónclave de voluntades que llegaron a esta hermosa ciudad, dispuestas a derrotar al neoliberalismo, con una bandera de paz en la una mano y con un cúmulo de experiencias, documentos y testimonios culturales, en la otra, para demostrar que sí es posible transitar por un camino distinto, por esa vía amplia, iluminada y directa que conduce a la conquista de los derechos y a la consolidación de la vida y de la salud con dignidad, en lugar de seguir caminando por los senderos sinuosos, llenos de peligros y acechanzas por los que quieren que sigamos transitando los dueños del poder.
Y como para ratificar que las publicaciones de carácter contra-hegemónico no tienen porque ser de formato modesto, de limitados recursos gráficos, y de poca o ninguna sofisticación estética, el libro de Arturo y María, del Movimiento para la Salud de los Pueblos, en suma, es una presentación vistosa y elegante, una obra de refinada edición que nos enorgullece y que permanecerá sin duda como un testimonio imborrable de esa creatividad, frescura y diversidad que logran las organizaciones sociales y los pueblos cuando la fuerza colectiva desata su ímpetu, otrora conculcado por la desventaja y la discriminación social.
La Asamblea de los Pueblos le puso fin al cuento neoliberal
Cuenca fue un hito significativo en el largo camino recorrido desde la primera Asamblea de Savar. Como lo dijera en la presentación de la obra, que tuve el privilegio de suscribir:
“Para muchos que sobrevivimos ideológica y políticamente al vendaval del neoliberalismo y la caída del muro, y que mantuvimos incólume una resistencia frontal contra esa salud pública mercantilizada que se nos vino encima ?a todas luces, otra forma del despojo convertido en política de Estado?, fue tonificante sentir la vibración de miles de hermanos del planeta, que en su II Asamblea Mundial, le declararon la guerra a ese sistema de atraco a los derechos humanos.
“La Asamblea de Cuenca vino a ser una cita universal de todas las formas de ternura, solidaridad, compasión y lucha. A más de la riqueza de permitirnos compartir tantas y variadas formas de organización; a más de ofrecernos la posibilidad directa de palpar la belleza profunda de las culturas que se expresan en un evento de este carácter, asistir fue para nosotros, como suele decirse, “una carga de baterías”, una demostración global de que el espíritu de rebeldía y la conciencia colectiva no han muerto, y de que vamos dejando atrás el silencio de nuestros pueblos que, a lo largo de los 90, parecían haberse conformado con el atraco a su salud y el despojo de sus derechos labrados en siglos de combate.
“... no más de la receta mortal de privatizaciones y engaños. Los infinitos talleres, paneles, reuniones y otros eventos de Cuenca, todo ese maravilloso hervidero de trabajo y creatividad, fueron en sí mismos, y por la intensidad de sus gestores, un mentís rotundo, no sólo a la hipocresía de las agencias internacionales y los gobiernos, sino a esos análisis que nos quieren vender una postmodernidad acrítica, donde los negocios de la salud florecerían en medio de pueblos domesticados.”
Una herramienta viva para transformar el Ecuador y el mundo
El libro de nuestros compañeros, María y Arturo, recoge y presenta los hechos e imágenes sobresalientes de la II Asamblea. Entre ilustraciones y fotografías de depurada estética, que van poblando las páginas y mostrándonos la belleza multicolor y multiétnica, las expresiones de alegría y la serena firmeza de foros y movilizaciones de lucha auténtica, va intercalándose la crónica del evento y las voces de los más variados actores, con acertado criterio, logrando reproducir toda la intensidad, optimismo y legítima fuerza de esa movilización social, de carácter emancipador y de escala universal que se concretó en Cuenca, convertida durante seis días en centro emisor de mensajes, que a la par que manifestaron la polifonía del clamor por otra salud posible, desde las perspectivas enriquecedores de distinto género, edad, procedencia etno-nacional y perspectivas políticas, también pusieron en evidencia la profunda unidad y congruencia, que enlaza la lucha de los pueblos contra un mismo sistema opresor.
Pero una obra de ese contenido, no se reduce a una memoria pasiva sobre un evento colectivo, constituye más bien una herramienta viva y un acicate para pensar el presente y proyectarnos al futuro. Y es en medio de la motivación y reflexiones a los que nos induce el libro Las Voces de la Tierra, y para aprovechar con un sentido político actual la lógica liberadora de toda esa energía popular sobre la que hemos comentado, que es necesario puntualizar algunas reflexiones urgentes sobre el desafío actual de la lucha por la equidad y el derecho a la salud en esta nueva etapa de la política ecuatoriana.
La sociedad civil sólo puede ser popular
En el escenario político del país se abrió una oportunidad valiosa para la transformación social y la conquista de esos derechos. Nuestro pueblo colocó en el Gobierno a quienes ofrecieron instaurar un régimen anti-neoliberal y de soberanía nacional. Es una tarea urgente perfeccionar ese proceso, por lo que represente como opción democrática, y defenderlo de las fuerzas antidemocráticas, que han sido golpeadas pero que están lejos de ser aniquiladas. Para que se consolide y sume bases de apoyo, el Gobierno que nos ha prometido recuperar la Patria, no puede incurrir en ambigüedades de concepto ni en errores de estrategia política.
Los líderes del Gobierno han definido el proceso como uno de “revolución ciudadana”, y este tipo de formulaciones nos mete de lleno en el análisis de las potencialidades, pero a la vez de las ambigüedades del discurso de la ciudadanía y de la llamada “sociedad civil”. En efecto, los textos más lúcidos de las ciencias sociales contemporáneas han explicado las contradicciones interpretativas a las que nos pueden inducir categorías como las de “ciudadanía” y “sociedad civil”. Y por eso, dichos ensayos plantean el desafío de lograr, más allá de la conveniencia inmediata, gestar un clima de renovación de la vieja política, una ruptura política y también de conceptos, dando un claro sentido popular a la llamada “sociedad civil” y, sobre todo, deslindando campos con los usos funcionalistas de ese concepto, que repletan las páginas de las más conservadoras propuestas de gobernanza.
Y en ese mismo sentido, fue Antonio Gramsci quien expuso con claridad los ingredientes indispensables para sostener un proceso real de emancipación social. Según él, sólo cuando el movimiento organizado de las masas está atravesado por un pensamiento crítico emancipador y sólo cuando ese pensamiento crítico se hace pueblo, es que surge una contra-hegemonía verdadera. Es decir, se hace indispensable la confluencia de masas organizadas, con una actitud renovadora, e intelectuales orgánicos a los intereses estratégicos de los pueblos. Este tipo de tejido es el que aún falta por implementarse de una manera amplia, ocupando todos los espacios de la gestión y especialmente el de la salud.
Un pueblo organizado y consciente
Entonces, para ser consecuentes con la demanda colectiva de los pueblos y con el clamor del pueblo ecuatoriano, no sólo tiene que constituirse un régimen donde la participación popular sea un eje de la gestión, sino que esa concurrencia tiene que incorporar un conjunto articulado de ideas transformadoras, que impriman una dirección realmente liberadora al proceso de dichas bases sociales. Esto es clave, y si bien no es una tarea que compete exclusivamente al Gobierno, sino a las organizaciones sociales y políticas, y al propio pueblo, hay que someter las ideas y planes que estamos aplicando a una reflexión crítica, por aquello que descubrió Gramsci y que Néstor García Canclini lo explica así: “Cuando las complejas relaciones entre la hegemonía y la subalternidad son reducidas a un simple juego bipolar, se minimiza la sutil distinción gramnsciana entre dominación y hegemonía, se descuida la ‘red de intercambios, préstamos, condicionamientos recíprocos’ entre las culturas de diferentes clases sociales, o sea, las ‘formaciones intermediaras’ destacadas por Cirese” [García Canclini, 1993].
La más clara implicación de este problema para la lucha política actual es que hay un sector de las masas que sigue opciones de derecha, e incluso opciones de corte fascista, porque han caído presa de ese esos “intercambios y préstamos” que han tomado de una ideología que no les corresponde. Imagínense ustedes, por ejemplo, el escenario extremo de una Asamblea Constituyente poblada por legiones obedientes a los partidos de la derecha, una constituyente repleta de pueblo cargado de una ideología conservadora, para entender la importancia de despertar conciencia en todos los sectores democráticos, dentro y fuera del Gobierno, sobre la necesidad de apoyar al ejecutivo para que movilice, articule y apoye con generosidad la siembra inicial de un proceso de emancipación humana.
Necesitamos ideas de cambio social profundo
No es suficiente ni seguro, por tanto, haber llegado al control del aparato de Gobierno, ni es suficiente el respaldo de una masa movilizada pero inorgánica. Mientras sigan con vida en el proceso modelos e ideas funcionalistas o tecnocráticas y conservadoras, se tornará aún más frágil la victoria reciente del pueblo progresista.
No hay cómo oponer las tesis retardatarias y fascistoides de pseudorepresentantes del interés popular, con un proceso ideológica y científicamente endeble, y me refiero no sólo a la urgencia de tener ideas de democracia económica y soberanía nacional, sino ideas de cambio social profundo que vayan más allá de correctivos menores.
Es este tipo de preocupación el que nos lleva a concluir que en estos primeros días de la nueva gestión, no parece que se estén colocando en el campo de la salud las bases suficientes de esa “revolución ciudadana” que se prometió, ni encarnándose el argumento inicial del plan de salud del régimen actual que habla de “una política social altamente articulada a una política económica, no en la tradición funcionalista y compensatoria de recoger los heridos y excluidos del manejo económico, sino como una política altamente activa que apueste explícitamente por el desarrollo humano, como fin último de la acción pública”.
Que el Gobierno asuma la revolución en salud
Hasta el momento, desde el horizonte de meros trabajadores de la ciencia y de la salud, no alcanzamos a visualizar ni tal proyecto ni su programa político. Por el contrario, la revisión de textos del Gobierno, referidos a la salud e incluso a aspectos afines del desarrollo social, y el análisis de sus primeras medidas y señales dadas desde la conformación de su gabinete, proyectan una creciente preocupación.
Hemos revisado con interés el Plan de Gobierno 2007-2011 de Alianza País en búsqueda de puntos de orientación y contacto que nos ayuden a arrancar un diálogo y discusión fraternos, pero en el campo de la salud, no encontramos esa articulación a la que nos hemos referido. No alcanzamos a ver un proyecto claro que por lo menos se encamine hacia una expansión real de la cobertura asistencial y de la seguridad social; ni vías de recuperación del derecho a la salud, como aquellos que contienen las dos declaraciones del Movimiento Mundial para la Salud de los Pueblos; ni tampoco las sólidas propuestas técnicas para varios campos de la salud, incubadas en décadas de investigación y de acompañamiento a la lucha social de sectores académicos progresistas como la Asociación Latinoamérica de Medina Social.
Por el contrario, en el texto del Programa de Gobierno ?que por fortuna se autodefine como “propuesta en construcción colectiva”? se encuentran el mismo tipo de imprecisiones y recetas funcionales que caracterizan las fórmulas tecnocráticas de algunas agencias de cooperación internacional.
En este sentido, comienzan a darse inquietantes evidencias de una proximidad excesiva con las agendas y la lógica de dichas agencias de cooperación externa, lo cual no tendría que ser un problema en sí mismo, pues todo Gobierno tiene que operar esos canales, pero sí es preocupante, en cambio, que sea la lógica funcionalista de esas entidades la que ocupe una centralidad en el discurso y la política oficial, mientras toda la riqueza del pensamiento alternativo en salud quede postergada, o mientras no exista voluntad, ni canales abiertos para conectar el quehacer del Gobierno con este tipo de propuestas que podrían aportar a la consolidación de una orientación innovadora para el inicio de una “revolución en salud”.
Escuchemos las Voces de los Pueblos
Lo dicho no pretende implicar de modo alguno una censura ni una crítica ciega a un régimen que debe ser apoyado en esta coyuntura difícilmente repetible que vive la lucha social, pero justamente quienes deseamos la consolidación del régimen y el éxito de sus enunciados por una política de dignidad y soberanía, de redistribución social, debemos arrimar el hombro en el análisis crítico de la gestión política.
Lo que hemos pretendido a lo largo de este comentario es argumentar la importancia que tendría para la coyuntura actual y para el avance de nuestra política el recoger el pensamiento y las propuestas de los pueblos, toda esa rica experiencia y creatividad innovadora que testimonia el libro de Arturo y María. Es un hecho demostrado que la perspectiva desde la que se explica la salud, tanto en los estudios científicos como en el discurso popular, depende de los intereses que subyacen y de los conceptos y principios que los inspiran, así como de la capacidad de los colectivos para interpretar la realidad compleja y contradictoria que determina la salud.
“Las Voces de la Tierra” son voces que brotan de la vertiente infinita de la sabiduría social. Gracias compañeros, María y Arturo, por entregarnos este producto que reúne la perspectiva de la salud vista desde la orilla de los pueblos, desde la perspectiva de la vida. Este trabajo que ustedes nos han brindado, no sólo contribuirá a eternizar la vitalidad de los actores de la Asamblea, sino el espíritu de profundo compromiso humano y social que los caracteriza a ustedes, compañeros y amigos entrañables.
Gracias, Arturo y María, por esta crónica vestida del fascinante y multicolor ropaje de la fuerza transformadora de la vida. Ustedes han contribuido a demostrar, una vez más, que la historia del conocimiento en salud, registra episodios aleccionadores sobre la fortaleza de las ideas generadas en sociedades y estamentos subalternos, supuestamente menos desarrolladas que las que producen las elites.
Cuenca, 24 de Enero del 2007
* Director del Centro de Estudios y Asesoría en Salud (CEAS) y del Area de Salud de la Universidad Andina. jbreilh@uasb.edu.ec

