Guerra y salud
Cuando empecé a pensar en este tema y a realizar mi investigación, me di cuenta de que no sólo debía analizar la relación entre guerra y salud sino también, y lo que es más importante aún, la guerra contra el derecho de las personas a la salud y al acceso a servicios de salud.
Las dos guerras, contra el derecho de las personas a la salud y al acceso a servicios de salud, ocurrieron simultáneamente en la última década del siglo pasado: la guerra de globalización y la guerra contra los "Estados terroristas", "Estados parias", “los ejes del mal” y, por último, la guerra contra el terrorismo. Ésta no empezó con los ataques al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 sino que se inició después de los cambios políticos en Europa Oriental y en la URSS, de la Guía de políticas de defensa concebida en 1992 por el entonces Secretario de Defensa Dick Cheney y Paul Wolfowitz, y el documento de políticas del año 2000 titulado “Rebuilding America’s Defenses – Strategy, Forces, and Resources for a New Century” (Reconstrucción de la Defensa de Estados Unidos: estrategia, fuerzas y recursos para un nuevo siglo) del Project for a New American Century (Proyecto para un nuevo siglo estadounidense), un grupo conservador de expertos que, por cierto, está integrado por el mismo grupo de personas: Dick Cheney, Paul Wolfowitz, Jeb Bush, I. Lewis Libby y Donald Rumsfeld, que fue Secretario de Defensa de Bush Jr.
Los cambios políticos en los países del bloque oriental durante la última parte de los años ochenta constituyeron no sólo una oportunidad sino un desafío para Estados Unidos. El espectro del comunismo había desaparecido y era la oportunidad de que EEUU utilizara su dominio político y militar para impulsar su propia agenda e intereses económicos. Por consiguiente, aunque ya no tenía que enfrentar grandes retos a su hegemonía, Estados Unidos rehusó disminuir sus gastos militares y más bien los aumentó al anunciar a los cuatro vientos la supuesta amenaza de un nuevo espectro: el fundamentalismo islámico. Por eso es que desde antes de los ataques del 11 de septiembre, Estados Unidos pudo establecer los principios que determinarían su política de "defensa" mundial en el documento de políticas citado más arriba. Lo que sucedió el 11 de septiembre sólo le dio la excusa perfecta para lanzar su guerra contra el terrorismo.
¿Cuáles eran estos principios rectores de la política de defensa y posicionamiento global de Estados Unidos?
- Necesitamos aumentar considerablemente los gastos de defensa para asumir las responsabilidades que hoy enfrentamos en el mundo y modernizar nuestras fuerzas armadas para el futuro.
- Debemos fortalecer nuestros nexos con aliados democráticos y desafiar a regímenes hostiles a nuestros intereses y valores.
- Es preciso que promovamos la causa de la libertad política y económica en el extranjero.
- Debemos aceptar la responsabilidad del papel único de Estados Unidos en resguardar y extender un orden internacional compatible con nuestra seguridad, prosperidad y principios
Los países que están en la lista de Estados "terroristas", "parias" o "ejes del mal" son aquéllos que "se oponen con estridencia a la presencia e influencia de EEUU en sus regiones” y los que adversan la "libertad económica" o la "ideología de libre mercado" de la globalización.
La globalización, como la hemos experimentado en las últimas dos décadas, persigue "minimizar la intervención gubernamental” en la economía, controlar los déficits presupuestarios y recortar a fondo el gasto social del gobierno. Según el economista Joseph Stiglitz, ésta consiste en "paquetes de austeridad y privatización", y los rubros del presupuesto más afectados por estas medidas son salud y educación. Los países que rechacen estas medidas y la proyección del poder de EEUU, corren el riesgo de convertirse en blanco de la guerra de este país contra el terrorismo.
¿Cómo afectó la guerra contra el terrorismo el derecho de las personas a la salud y al acceso a servicios de salud?
Tomemos el ejemplo de Afganistán: según la Organización Mundial de la Salud, el sistema de salud de Afganistán en 2001 era uno de los más pobres del mundo a causa de “23 años de conflicto, el colapso de la economía y tres años de sequía”. “Es una lucha constante satisfacer las necesidades más básicas, como alojamiento, comida y ropa. La exposición de la población a una situación como ésta agudiza las condiciones de salud, ya de por sí malas. Los niños y niñas afganas se debilitan y mueren a causa de infecciones respiratorias, enfermedades diarreicas y desnutrición. La escasez de personal de salud es crítica a todos los niveles. Es de urgente necesidad restaurar las instalaciones de los servicios de salud, que carecen de suficientes medicinas, vacunas, equipo y combustible. Se calcula que seis millones de personas tienen acceso limitado o ninguno a servicios de salud”.
- Los índices de esperanza de vida son algunos de los más bajos del mundo, con un 25% de niños y niñas que muere antes de cumplir cinco años. La falta de servicios básicos de salud, sumada a la desnutrición, contribuye a las altas tasas de mortalidad.
- Afganistán tiene la segunda tasa más alta de mortalidad en el mundo. Los partos asistidos por personal de salud capacitado, parteras tradicionales en su mayoría, representan menos del 15%.
- Alrededor del 50% de los niños y niñas menores de cinco años se estancan en su crecimiento por la desnutrición crónica y hasta un 10% tiene desnutrición aguda
- La salud mental es uno de los principales problemas de salud. Los expertos calculan que entre 30% y 50% de la población desarrolla cierto grado de tensión mental en una situación de conflicto violento. Los problemas secundarios de salud mental que, por lo general, se manifiestan en una población han sido desatendidos en Afganistán por décadas
- Algunas enfermedades controladas casi en su totalidad en la mayoría de países del mundo siguen causando muertes y discapacidad en Afganistán. Más del 60% del total de muertes y discapacidad entre la niñez afgana se debe a infecciones respiratorias, diarrea y muertes infantiles prevenibles por vacunación, sobre todo el sarampión.
¿Qué pasa en Afganistán ocho años después de que EEUU liberara el país del régimen talibán?
Ocho años de ocupación estadounidense no han mejorado las condiciones de salud en Afganistán. Según un artículo publicado en el boletín electrónico Epoch Times en 2009 con el título “Afghanistan Faces a Public Health Emergency:
- Más de 1.6 millones de niños y niñas menores de cinco años, y miles de mujeres podrían morir en 2009 por falta de alimentación y atención médica
- La escasez de alimentos y el clima inclemente podrían llevar al borde de la inanición a ocho millones de afganos, o 30% de la población. Es cada vez más difícil acceder a los alimentos por la baja producción agrícola, los ataques a los convoyes de alimentos y el aumento de los precios de alimentos y otros productos básicos. En 2005, se informaba que el hogar promedio gastaba el 56% de sus ingresos en comprar alimentos. En 2009, este porcentaje había incrementado a 85%, según Susannah Nicol, vocera del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas.
- El boletín Epoch Times basa la siguiente información en estadísticas de UNICEF: “La diarrea y las infecciones respiratorias agudas representan alrededor del 41% de todas las muertes infantiles en esta nación tan desesperadamente pobre de 26 millones de habitantes, en tanto que las enfermedades prevenibles por vacunación, como el sarampión, la poliomielitis y la difteria, constituyen el 21%”.
- “Afganistán muestra niveles bajos en casi todos los indicadores de salud. En consecuencia, tiene una de las tasas de mortalidad materno-infantil más altas del mundo. Los hospitales se encuentran en condiciones deplorables en casi todo el país, que carece además de suficientes médicos y equipo hasta para las cirugías más básicas. La esperanza de vida es de 42 años, según las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”
- Un problema persistente es la falta de atención adecuada a la salud mental,
a la cual se suman las discapacidades causadas por minas terrestres y artefactos sin explotar, además de los efectos de residuos peligrosos derivados de conflictos bélicos, como uranio empobrecido.
En Iraq, el desplazamiento, la carencia de ingresos, alimentación insuficiente, malas condiciones sanitarias, falta de fuentes de agua potable, y el trauma de la guerra afectan la salud de las personas desplazadas internamente. Las inquietudes en materia de seguridad obstaculizan la prestación de servicios de salud de mucha necesidad.
“El deterioro de los servicios de salud en Irak ha sido enorme en las últimas décadas como consecuencia de constantes guerras, sanciones, violencia generalizada y conflictos desde 2003; situación a la que también han contribuido el éxodo de profesionales calificados, la grave escasez de medicamentos y equipo, y los daños a las instalaciones médicas” (IDP Working Group, 27 de junio de 2008).
¿Cuáles son las respuestas de la comunidad internacional ante la situación y los problemas de salud que enfrentan Afganistán e Irak?
En Afganistán, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU hace llamamientos a incrementar la ayuda en alimentos para esta nación devastada por la guerra. En Irak, por otro lado, Estados Unidos afirma que ha otorgado grandes cantidades de ayuda para rehabilitar hospitales y centros de salud.
¿Cuál es el impacto de estas respuestas en la salud y bienestar de la población de Afganistán e Irak? Tomemos Somalia como ejemplo.
En este país devastado por una guerra civil desde que el dictador Siad Barre, apoyado por EEUU, fue derrocado en 1991, las sequías recurrentes y la guerra han provocado hambruna generalizada. La reacción de la comunidad internacional ha sido inundar el país de alimentos y otros tipos de ayuda para el “desarrollo”.
Algunas agencias de ayuda han estado en el país desde principios de los años ochenta. USAID financió proyectos de capacitación agrícola para animar al pueblo somalí, de naturaleza nómada, a practicar una agricultura semipermanente; sin embargo, estos proyectos destruyeron la estrategia de este pueblo para hacer frente a las sequías y, por consiguiente, se volvió dependiente de la ayuda alimentaria. Los alimentos provenientes de los países occidentales con que las agencias de ayuda han inundado Somalia son los bienes más vendidos en el mercado. La ayuda alimentaria terminó por destruir la economía agrícola de Somalia porque los alimentos comercializados son mucho más baratos que los producidos por agricultores locales. Resulta irónico que la ayuda que supuestamente resolvería el problema del hambre en el país, se convierta en fuente de hambruna en el futuro cuando se termine el flujo de alimentos de los países occidentales.
Si los alimentos y otros tipos de ayuda para el “desarrollo” no contribuyen a la larga a que un país devastado por la guerra y el hambre enfrente sus necesidades básicas de salud y otra índole, sobre todo si se considera que no son medidas temporales o provisionales sino respuestas de política, qué decir de la rehabilitación de hospitales y centro de salud. No cabe duda de que la población se beneficiaría de que los hospitales y centros de salud mejoraran sus capacidades.
Un estudio titulado” “Public spending on health care in Africa: do the poor benefit?” (El gasto público en salud en África: ¿Beneficia a las personas pobres?) por F. Castro-Leal, J. Dayton, L. Demery y K. Mehra analizó el gasto público en salud en algunos países africanos como Guinea, Madagascar, Costa de Marfil, Ghana, Tanzania y Sudáfrica. El propósito del estudio era determinar hasta qué grado el gasto público en salud ha beneficiado a la población pobre. Todos los países africanos incluidos en el estudio tienen un sistema de salud pública de tres niveles: clínicas y dispensarios en el primer nivel; hospitales de distrito en el segundo nivel, y referencia a hospitales especializados a nivel terciario. El mayor gasto público en salud se efectúa a nivel terciario.
¿Cuáles fueron los resultados?
El estudio reveló que el gasto público en salud estaba centrado en la atención curativa y, por lo tanto, beneficiaba más a las personas acomodadas que a las de escasos recursos porque éstas últimas rara vez tienen acceso a servicios curativos de salud, salvo en casos de suma emergencia. El estudio atribuye esta actitud de las personas pobres a que consideran las enfermedades como algo normal en la vida y a la falta de información. Su conclusión es que para beneficiar a la población pobre, el gasto público en salud debe enfocarse más a la atención primaria de salud y menos a los hospitales.
Lo mismo se aplica a Filipinas, donde la población pobre teme acudir a los hospitales porque carecen de dinero para exámenes y medicamentos, los que no son gratuitos ni en los hospitales públicos.
¿Por qué?
Las políticas de desregulación, liberalización y privatización propias de la globalización han provocado la reducción del presupuesto nacional y del gasto público en salud. Esta situación ha incidido en que los hospitales públicos cuyos presupuestos han sufrido drásticos recortes apliquen planes de recuperación de costos mediante el cobro de servicios que antes eran subsidiados y reduzcan las asignaciones para pacientes indigentes. Estas medidas han agravado las deficiencias en los suministros, medicinas y personal de los centros de salud.
Con el objeto de enfrentar estas condiciones, algunas ONG de salud y grupos de incidencia han emprendido campañas para aumentar el presupuesto nacional y el gasto público en salud, al mismo tiempo que se brinda capacitación y apoyo a las comunidades para organizar programas comunitarios enfocados a la atención primaria de salud. Estas ONG de salud también apoyan a las comunidades en el establecimiento de una red de referencias de salud para sus necesidades de atención terciaria.
El gobierno y las fuerzas armadas de Filipinas, irónicamente, no ven este planteamiento con buenos ojos. Como parte de su programa contrainsurgente, el gobierno y los militares han tenido en la mira a los trabajadores de la salud que brindan servicios en comunidades remotas, a los que acusan de ser enemigos del Estado e influir en la población para que se oponga al gobierno. El personal de salud que atiende a comunidades pobres ha sido el que ha llevado la peor parte de las operaciones de las Fuerzas Armadas orientadas al enemigo y a la población; es decir, que han sido atacados como enemigos del Estado, sin tomar en cuenta que no están armados y simplemente brindan servicios de salud de mucha necesidad; también se les ha tratado como si compitieran por influir en la población. Ésta fue la experiencia de los 43 de Morong. Asimismo, hemos recibido informes de Chestcore, una ONG de servicios de salud que atiende algunas comunidades en la región de la Cordillera, de que su personal ha estado recibiendo amenazas de muerte. Algunas misiones médicas también se han visto obstruidas por el ejército.
¿Qué debería hacer entonces una persona comprometida que trabaje en salud?
¿Qué deben hacer los trabajadores de la salud para enfrentar los problemas de salud de la población y hacer posible que ésta mejore su calidad de vida: confinarse a los hospitales con la esperanza de que la población pobre llegue algún día a tener acceso a servicios de salud? ¿Qué podrían hacer ante el problema de la reducción de los presupuestos de salud que resulta en falta de personal, máquinas que siempre se descomponen, insuficientes insumos y medicinas? ¿Cómo podrían contribuir a que los pueblos y las comunidades tengan acceso y gocen de su derecho a la salud?
En situaciones de conflicto armado ¿cómo podrían enfrentar los ataques al derecho de la población a la salud y a su seguridad y bienestar? ¿Qué podrían hacer ante otros problemas como falta de alimentos, desplazamiento, malas condiciones de vida y lesiones traumáticas que prevalecen en situaciones de conflicto armado?
¿Deben limitarse a brindar servicios de salud curativos y de emergencia, al mismo tiempo que se proyectan como proveedores neutrales de ayuda humanitaria o desempeñan múltiples funciones - proveedores de servicios de salud, defensores del derecho a la salud como un derecho humano básico y activistas que organizan, movilizan y permiten que las comunidades afirmen su derecho a la salud – además de prestar atención primaria de salud?
Este artículo reproduce una charla que dio el autor el 9 de agosto de 2011, durante el 8º Curso sobre Salud Global organizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Filipinas y la Universidad de Tampere en Finlandia.
Fuente: Benjie Oliveros/Bulatlat

